jueves, 30 de enero de 2014

CONSTRUCCIÓN DEL ANTIGUO PUENTE DE LA RAMBLA DE LIBRILLA

EXPEDIENTE SOBRE LA OBRA DEL PUENTE DE LIBRILLA (1797-1798)

      Carta remitida por el Ayuntamiento, diputados del común, el cura párroco y clero de esta villa al Marqués de Villafranca ( Francisco de Borja Álvarez de Toledo) comunicándole la ruina de un puente de madera que une las dos partes de la población y la necesidad de construir uno de obra, mediante un arco de rosca de ladrillo, y le piden que contribuya en la financiación de la obra que han empezado las obras del puente en 16 de Diciembre de 1797. El administrador Helgueros comunica que el obispo ha entregado 3000 reales de vellón, para la obra y que el marqués de Villafranca ha concedido 3000 reales para la obra del puente en Enero de 1798 al Ayuntamiento de la obra. La obra tasada por el arquitecto de la ciudad de Murcia en 12000 reales, pero al final el promotor lo podrá hacer en 10000 reales. El pueblo ha aportado 2600 reales, llegando a 3000. En diciembre de 1797 se había construido los machones y pilares, empezando el arco, la obra se para por falta de dinero.

PATRÓN Y PATRONAS DE LIBRILLA

PUBLICACION DEL CONGRESO DE CRONISTAS DE LA REGIÒN DE MURCIA
https://drive.google.com/file/d/0ByowN2Vk6H5kV2pleDZYdW51LXc/edit?usp=sharing

domingo, 26 de enero de 2014

RETAZOS DE LA EVOLUCIÓN DEL REGADIO EN LIBRILLA

La importancia del agua en la villa de Librilla es fundamental para una localidad que  historicamente debe su desarrollo a la agricultura. Hacia 1327 en la carta de poblamiento de la villa ya el infante Don Juan Manuel concede a los moradores el derecho de las aguas de la localidad, refrendados estos derechos por el consejo de Castilla en 1397, a lo largo de los siglos los moradores de la villa explotaban el agua para su consumo y para el regadio de sus fértiles tierras. En 1754 en el catastro llevado a cabo por el marqués de la Ensenada se destaca la gran cantidad de tierra cultivada en la villa y el aprovechamiento de sus aguas.
Pero destacaba las normativas de su explotación recogidas en el reglamento del heredamiento de la hila de Fuente Librilla que data su explotación de finales del siglo XVIII y su normativa se recoge a finales del XIX, donde se aprecia el tradicional riego que rige a lo largo de los siglos el regadio de la villa. Se realizaba en tandas o caballerias de 21 dias. El siguiente paso en la modernización de los regadios se dio en 1931, con el revestimiento de las acequias de la población que permitio ahorrar un 40% de agua dada las filtraciones de las antiguas acequías de tierra, llevado a cabo por la confederación hidrográfica del Segura.
El proceso hasta ahorra más importante para los regadíos de estas tierras fue la llevada del trasvase Tajo-Segura a finales de los años 70, que supuso una revolución en los cultivos, y un gran desarrollo para estas tierras.
Ahora en el inicio del 2014, se ha dado un gran paso definitivo para la modernización total de los regadios de la villa, con el inicio de las obras en la toma 4 La Alberquilla.

jueves, 2 de enero de 2014

miércoles, 23 de octubre de 2013

VISITA DE MARQUÉS DE LOS VÉLEZ A LIBRILLA 1769

VISITA DEL MARQUÉS DE LOS VÉLEZ  A LA POBLACIÓN DE LEBRILLA

            En Octubre y Diciembre 1769, el X marqués de los Vélez D. Antonio Álvarez de Toledo visito su villa de Librilla. Posesión que perteneció a esta familia desde 1381.

A cosa de tres cuartos de legua encontró S.E., en un coche y tres calesines, al alcalde mayor don Antonio León, su teniente alcalde, escribano, fiel, guarda mayor de montes, y algún señor sacerdote de la villa de Lebrilla, marquesado de los Vélez. Apeáronse para hacer sus rendimientos, que agradeciéndolos S.E. muchísimo, continuó su marcha algún rato, hasta que se apeó al llegar al hermoso plantío que llaman de la Cañada Honda, que tiene más de seis mil olivos plantados por orden de S.E., bajo dirección de don Salvador Carrasco, con una gran casa con hermosa portada con las armas de S.E., con sala muy capaz, alcoba, cocina, despensas, horno de cocer pan y parador con varias cámaras para granos y otros frutos; la almazara con el rulo y tres vigas o prensas magníficas, patio y una escalera tan sumamente enojosa para subir a una azotea que no cabía S.E. y tuvo que bajar.
Volvió a tomar su coche y, al llegar a la villa, se apeó para ver el magnífico mesón que, de orden, idea y a expensas de S.E., se está construyendo. Repitió el reconocimiento de esta eminente obra, digna por cierto de un príncipe de su magnanimidad.
Muchísima gente, así de hombres como mujeres, y gran patrulla de muchachos, salieron mucho antes de la villa vitoreando a su Duque, dispararon un ramillete de cohetes, continuando éstos gran rato, dispararon morteretes, y una invención de cañas largas cargadas con pólvora, repicando las campanas. La calle, las ventanas y balcones estaban llenas de gente. Al apearse, encontró al señor cura, otros señores sacerdotes y vasallos de distinción, a cumplimentar a S.E. La villa tenía guardia puesta para contener la gente. Llegaron también varios sacerdotes y caballeros de su villa de Alhama a cumplimentar a S.E, hasta muchachos, no obstante estar dos leguas de distancia. A breve tiempo, un teniente del regimiento puso de guardias a S.E. una patrulla de sus soldados y de dragones de un piquete que tenía a su mando. S.E. comió con Bartolomé, cortejado de todos los nombrados, a quienes les hizo la fineza de darles dulces de un hermoso y grandísimo ramillete de cristal, con estatua de azúcar, merengue y batería de finísimos anises, huevos moles y papelitos con diabolines, y más que la villa presentó a S.E. de unos dulces exquisitos. Con la familia de S.E. comieron los administradores, alcalde mayor y otros.
Después de comer, vio una hermosa y frondosa huerta con naranjas, limones, palmas y cidras, que dan una fruta de especial tamaño, y otras frutas, propia de don Ignacio de Alarcón. Mandó a don Fernando que diese a peso duro a los vasallos que hicieron guardia y un doblón de a ocho a los soldados, y buenas propinas a los de la casa. Tomó su coche acompañado de la justicia, y mucha gente que le vitoreaba siguiendo hasta salir de la villa, que no se hace su descripción por haber S.E. pasado de largo, con ánimo de visitarla despacio a la vuelta; a la verdad merecieron con su espíritu de lealtad el agrado de S.E.
A cosa de una legua encontró, en un coche y cinco calesines, y a caballo, a la justicia de Alhama, con su alcalde, el dicho don Antonio León de Frías, que es también de su jurisdicción; alcaldes, regidores, ministros, guarda mayor del campo, etcétera, que cumplimentaron a S.E. Apeándose, les agradeció como acostumbra y, volviéndose a montar, siguieron el coche de S.E. Gran trecho antes de la villa salió la gente a recibirle con mil vivas. A la entrada del pueblo había un sinnúmero de gente y una soldadesca formada de gallardos jóvenes con muchos adornos, banderas, etcétera, que acompañaron a S.E. hasta la casa propia que tiene y la habita su administrador don Salvador Carrasco.

En diciembre el marqués a visitar la villa. Recorrió por tierra llana, excepto una rambla, dos leguas cortas a su villa de Lebrilla [Librilla]. Bastante antes encontró una soldadesca con sombreros muy engreídos y una bandera; después, a la villa, que le cumplimentó, apeándose de su cochecito. En el campo, en las calles y en las ventanas había muchas gentes, hasta la casa de don Ignacio Alarcón, en donde se alojó, como la otra vez. La soldadesca puso sus centinelas en la puerta principal y en la del parador. Recibió a don Jerónimo Vivo, cura; otros señores sacerdotes, un capuchino, uno de San Juan de Dios y otras personas del pueblo.
Pasó luego, acompañado de la villa, de su familia, de otros muchos y de la soldadesca, a la iglesia parroquial, con la soldadesca adelante haciendo descargas. A la entrada del templo el cura le dio el agua bendita y le recibió con los demás señores sacerdotes, repicaron las campanas, tocaron el órgano y voltearon la rueda de las campanillas del coro. Los púlpitos del presbiterio y del coro estaban con hermosos paños; los altares, iluminados. Hizo oración en el altar mayor y en otros. Mientras, la soldadesca repitió sus descargas. Montó a caballo y con otros fue a pasear en su hermosa hacienda de la Cañada Honda, con buena casa, almazara, etc., que ya se habló antes. Otros fueron a la misma hacienda a pie por una veredita, viendo la abundancia que había de gordas aceitunas en unos robustos y copudos olivos, cual nogales. Y cogiendo graciosas flores en un delicioso paseo, vieron todos despacio la casa, la almazara y fabricar aceite. S.E., a la vuelta, encontró de guardia una patrulla del regimiento de Murcia. El teniente de alcalde mayor de Alhama y otros vasallos distinguidos se despidieron de S. E., que les hizo muchas especies de agradecimiento. Fue a ver el gran mesón que, a expensas de S.E., se estaba construyendo, y el viejo, que es muy indecente. La familia acudió a un bailecillo, cenó con los de siempre y con el administrador de tabacos de Alhama. S.E., con Tobar. El tiempo, con algo de aire por la mañana, pero bueno lo restante del día, y la noche muy serena.
Después de algunos despachos y dar órdenes para su marcha, dado por medio de su mayordomo a los del alojamiento y a la partida de soldados del regimiento de Murcia, pasó enfrente de la ermita de la Concepción de Ntra. Sra. a oír la misa de Tobar. Recibió los cumplidos de los de Alhama, que se marchaban, del señor cura y sacerdotes, y de la villa.
El pueblo es bastante llano, pero está dividido por un horroroso barranco. Hay algunas casas muy grandes. Su iglesia parroquial de San Bartolomé muy graciosa, con cuatro capillas o grandes y bien formados nichos encalados, con buenos altares, con la asistencia de un cura párroco, don Jerónimo Bravo, y dos sacerdotes. Tres ermitas dedicadas a la Concepción de Ntra. Sra., de San Sebastián, y de San Agustín. Su vecindario de unas quinientas almas, gobernadas por el alcalde mayor de Alhama, dos alcaldes ordinarios, regidores, personero, y diputado. El temple de primavera, en el mes de que se habla; sus campos, fecundados en granos, olivas, frutas, naranjas, limones, flores y verduras.